¿Por qué nace Little Etiqueta?

En una sociedad que evoluciona a ritmos agigantados pero sin dejar de mirar hacia las tradiciones, es necesario parar y poner orden para que la adaptación al futuro sea flexible, adecuada y en sintonía con cada comunidad.

En esa celeridad por cambiar es donde perdemos muchos detalles que ayudan a la denominada tolerancia, tanto recordando prácticas y costumbres como creando otras nuevas a raíz de las nuevas formas de comunicación y entendimiento en la que nos vemos inmersos.

Son las generaciones mas jóvenes las que encuentran cierta carencia de valores y metodologías que complementen estos aspectos, siendo el protocolo y más concretamente la etiqueta, una herramienta que ayuda a asimilar y reflejar respeto, cortesía, madurez y en conclusión, avanzar en los comportamientos sociales de las generaciones más jóvenes.

En el mismo sentido y mirando a nuestro alrededor, es en las edades tempranas cuando se deben reforzar aspectos como la empatía y el compromiso dentro de una nueva sociedad intercultural.

Hablando en una cafetería, surgió la idea de crear este proyecto tan ilusionante. Llamadas, ideas, reuniones, risas, esfuerzo… un reto para nosotras el poder contribuir con nuestro conocimiento, experiencia y una metodología creada por nosotras mismas a que niños y jóvenes aprendan pautas y valores a través del protocolo y la etiqueta para en definitiva poder hablar de una cosa: convivencia.

Por ello pensamos que una serie de talleres y formaciones personalizadas que pongan de manifiesto la importancia de saber comportarse en diferentes ámbitos y que potencien las buenas conductas y la evolución con las nuevas formas de comunicarse es necesario e indispensable para hablar de progreso.

Con arreglo a demostrar la trascendencia y el peso que la formación en etiqueta, saber estar y comportamiento supone, nace Little Etiqueta. Porque la base, comienza desde pequeños.

¡Un niño en mi boda!

Hay veces, que sin quererlo, los niños se convierten en los protagonistas absolutos de las bodas. Y es que reconozcámoslo, los pequeños quedan preciosos vestidos con traje y corbatitas, o con coronas de flores alrededor de sus ricitos pero….

Un niño es un niño, y como tal, no entiende de protocolos. Si se aburre, te lo va a hacer saber. A ti, a los novios y al maître como lo pille por delante.

Hay que tener mucho cuidado a la hora de pensar dar un papel protagonista a un niño en una ceremonia, sobre todo si éste es pequeño. La mayoría de las veces, las madres emperifollan con más o menos cuidados al rorro, y luego le dicen “llevas este cojincito hasta el altar” o “vas tirando pétalos por ese pasillito” (sí, es que las madres, por alguna razón ignota, tienden a acumular diminutivos hasta el infinito, como si por ello les fuesen a entender más).

Por otra parte, cada vez hay más parejas que se casan cuando ya tienen hijos, y desean darle un papel protagonista. Y no se puede dudar que las fotos son mucho más tiernas y espontáneas cuando hay niños presentes. Una gran idea para realzar una boda puede ser crear un cortejo con varios niños (suelen ser hijos de amigos, sobrinos…) y vestirlos todos iguales, en concordancia con los colores de la boda. Si todo sale bien, el resultado es muy elegante y espectacular. El problema es cuando no…

Y luego hay que pensar que tras esos dos minutos de “desfile” hay que ver cómo se entretienen en la fiesta posterior. Y dónde se van a colocar durante la ceremonia. ¿Se os ha olvidado ya a Froilán dando patadas a la sobrina de doña Letizia?